miércoles, 9 de junio de 2010

¿Soldados del futuro?


Veíamos el otro día con gran despliegue audiovisual el anunció del “soldado del futuro”. Con visores ópticos diurnos y nocturnos, tecnologías de infrarrojos, vestimenta ignífuga, antibala, térmica, ligera y con capacidad para integrar los equipos de comunicación más avanzados, ese supuesto soldado español del futuro parecía más sacado de una película de ciencia ficción que de los cuarteles hispanos. Eso sí, considerando la pasta gansa que debe de costar el equipamiento, el soldado español del futuro nos va a salir por un ojo de la cara.

Contrasta tanto futuro con la polémica suscitada la semana pasada por la presencia tradicional de los cadetes de la Academia de Infantería de Toledo en la procesión del Corpus. Con el nuevo Reglamento de Honores Militares, se pretende espantar los fantasmas de los anacronismos aduciendo que los militares ya no presentan armas al “Santísimo Sacramento” al son del himno nacional, sino que solo adoptan la posición de firmes. Es decir, que, andándose por las ramas y la hojarasca, olvidan preguntarse qué pintan las Fuerzas Armadas de un país aconfesional en una procesión religiosa. Más aún (dado que el antedicho nuevo Reglamento de Honores militares incluye también a la Benemérita), de qué van en el año 2010, iniciando la procesión, un piquete de la Guardia Civil a caballo y en traje de gala, la banda de gala de la Guardia Civil, o los timbaleros municipales. ¿Acaso no constituyen todos (ejército, ayuntamiento, benemérita) sendas instituciones públicas del Estado?

Aducen igualmente como signo de modernidad que el himno nacional es interpretado ahora por la banda municipal y no por la militar, como antaño. Es decir, guardando las apariencias, se descarga sobre el municipio toledano el hecho de mezclar el himno de una nación con una procesión católica que celebra la transubstanciación del pan y del vino (sin enterarse de lo que sobre la sustancia escribieron, por ejemplo, Hume o Kant). Y lo presentan a la ciudadanía como compatible con sus soldados del futuro. En otras palabras, invitan a creer que la sustancia aconfesional permanece aconfesional, a pesar de que los accidentes (lo que se ve, se oye y se toca) muestran lo contrario. En fin, que, entre otros muchos, tras la Cofradía Internacional de Investigadores, los pajecillos, las autoridades eclesiásticas, civiles y militares y la Universidad de Castilla-La Mancha, cierra el desfile, con bandera y Compañía de Honores, la Academia de Infantería, donde se forman los futuros mandos del soldado del futuro.

De bastante poco ha servido el nuevo Reglamento de Honores Militares a la ministra Chacón, pues el socialista Presidente de la Comunidad de Castilla-La Mancha, José María Barreda, o el alcalde de Toledo, el también socialista Emiliano García-Page han presionado lo suficiente para que la procesión del Corpus trascurriera por los cauces tradicionales. Lo cierto es que las tortas se las ha llevado la ministra (con tales amigos no necesita enemigos). En su descargo, en la Disposición adicional Cuarta del Reglamento se afirma que en la participación castrense en celebraciones de carácter religioso “se respetará el ejercicio del derecho a la libertad religiosa y, en consecuencia, la asistencia y participación en los actos tendrá carácter voluntario”. Es decir, tal como están las cosas, al menos bienvenida sea esa cataplasma, con tal de que se aplique.

Sin embargo, queda aún un largo trecho que recorrer en el seno de las Fuerzas Armadas para llegar a cumplir el principio constitucional de la aconfesionalidad de las instituciones del Estado. En plena época de recortes y de paliar el déficit, el Gobierno socialista podría cuestionar los 30 millones de euros destinados al sueldo de capellanes castrenses católicos, o la existencia de un Arzobispado castrense con seis Vicarías Episcopales, de una Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas en Madrid, de un Seminario Castrense y un buen número de asociaciones y hermandades católicas castrenses, todo ello a cargo de los Presupuestos Generales del Estado para Defensa.

A fin de atenuar el papel hegemónico de la iglesia católica dentro de las Fuerzas Armadas, el Gobierno de Rodríguez Zapatero opta, de hecho, en lugar de la aconfesionalidad, por la pluriconfesionalidad (capellanes castrenses, servicios, infraestructuras y partidas presupuestarias destinadas a la Comisión Islámica de España, la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España y a la Federación de Comunidades Israelitas de España (mediante sendos Acuerdos y Leyes oficiales).

Las Fuerzas Armadas, al igual que la Guardia Civil, y demás Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, son una institución dentro de la estructura del Estado, por lo que su estructura y sus actuaciones han de tener un carácter laico. Difícilmente pueden garantizar la defensa del ordenamiento constitucional que marca el artículo 8.1 de la Constitución, si a la vez y en su propio seno incumplen otro artículo constitucional (el 16.3 que prescribe que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”) con la realización de actos religiosos o la participación activa en los mismos.

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